Existe una fórmula que llama nuestra atención y que parece ser irresistible: «bueno, bonito y barato», pero, ¿es esto posible?
Nuestra apariencia dice mucho de nosotros mismos y por eso queremos cuidarla y actualizarla. La llamada «fast fashion», la moda rápida o moda desechable, es la encargada de satisfacer nuestros deseos: produce grandes cantidades de ropa, accesorios y zapatos a la última y lo hace a un precio muy asequible. Así podemos permitirnos esos vaqueros tan ideales o una camisa nueva para esa ocasión especial, a pesar de que tenemos unas cuantas en el armario. Pero esta producción en masa y con un precio bajo tiene sus consecuencias: produce un gran impacto medioambiental y suele haber una gran diferencia entre el precio del mercado y el que se paga al productor.
El medio ambiente se resiente de muchas maneras cuando compramos en el sector textil. El transporte del producto desde su país de origen hasta local de venta genera grandes emisiones de CO2 y se utilizan miles y miles de litros de agua para fabricar cada prenda (la ONU establece que se utilizan más de 7000 litros para fabricar unos vaqueros y que el agua dedicada en un año al sector textil equivale a la necesaria para satisfacer las necesidades de 5 millones de personas). Añadido a esto está el poliéster, el material más utilizado para la fabricación textil y que encontraremos con total seguridad en cualquier prenda cuya etiqueta miremos. Es una fibra que se obtiene del petróleo, que contiene plástico, y que por lo tanto no es reciclable, es muy contaminante, y además no es lo más idóneo para pieles sensibles y sudorosas.
A día de hoy ya son muchas las marcas que se unen a tendencias más ecológicas. Es cierto que estos establecimientos, muchos de ellos online, venden sus productos a unos precios mucho más altos que las modas «low-cost», pero detrás de ese precio se esconde un salario apropiado para las personas que lo producen, incluso una producción a mano en algunas ocasiones, y sobre todo, un número inferior de unidades, lo que eleva considerablemente el precio de venta por unidad.
En lo que todas ellas coinciden es en el poder de los compradores: el consumo excesivo es determinante en el problema. Compramos compulsivamente, por capricho más que por necesidad, y pocas prendas sobreviven en nuestro armario más de dos temporadas. Esto debe cambiar. La marca SKFK nos lo advierte «La mayor parte del impacto ambiental de una prenda está en tus manos; con qué frecuencia utilizas la ropa, cómo la lavas, la secas y qué y por qué la compras».
Estas son algunas de las marcas proponen que apuestan por el cambio: comprar menos, de mejor calidad y con más cabeza:
Esta tienda produce directamente a mano en la India, y aunque no tiene una producción muy amplia, cuenta con línea de hombre, mujer y unisex. Tiene una estética muy marcada: cuadros y vaqueros. Además, te perimte visualizar a la persona que ha confeccionada cada prenda, acercando la cadena productiva.


Esta tienda es una iniciativa de dos hermanas barcelonesas enamoradas de la India. Para producir su ropa, que tiene un estilo muy boho, utilizan telas que han sido previamente descartadas en una producción inicial por pequeños defectos y a las que ellas dan una segunda vida. Con esto evitamos malgastar telas ya existentes a la vez que no producimos otras nuevas. Además de estas telas utilizan saris (el vestido tradicional de la India) de segunda mano.
Y no solo se precoupan por el medio ambiente en la producción de la ropa, sino que tratan de reducir al máximo el plástico utilizado, fabrican a mano las tarjetas de contacto de la tienda (hechas en papel y cartón reciclados) y recientemente han incorporado «etiquetas de usar y plantar». Son etiquetas que contienen en su interior semillas de manzanilla y que pueden plantarse como si fueran las clásicas semillas.

Además suelen colaborar con asociaciones u ONG a las que donan una parte de sus beneficios. Actualmente están trabajando con Els Quatre Camins Solidaris, una asociación que ayuda a los MENAS (Menores Extranjeros No Acompañados) y a la que va a parar un 10% de la recaudación. La asociación dedica sus fondos a la integración social y el refuerzo escolar de estos menores.
Su nombre completo es Humana Fundación Pueblo para el Pueblo. Tiene más de 50 tiendas distribuidas entre Barcelona, Granada, Madrid, Sevilla, Tarragona y Valencia donde se vende ropa de segunda mano procedente de marcas que van desde Saint Laurent o Zara hasta prendas de pequeños comercios.

Ellos se encargan de la recogida del textil, la selección y la distribución a los diferentes comercios. A través de sus 5.000 contenedores distribuidos por España recolectan las prendas que ya no utilizamos para seleccionar después, en sus plantas de Leganés y Barcelona, aquellas que pueden ser reutilizadas.
Parte de estas prendas que incluyen ropa, calzado y accesorios va a parar a sus tiendas secondhand, o a pequeños locales para su venta individual. Las que no cumplen las condiciones necesarias son enviadas a empresas de reciclado textil.
Esta tienda es en su mayoría online pero cuenta con un local físico en el centro de Málaga. A diferencia de otras marcas sostenibles, ofrece una moda mucho más casual, menos alternativa, vintage o boho, tendencias hacia las que suelen dirigirse los textiles sostenibles. Sus productos son muy parecidos a cualquier tienda de un centro comercial actual y cuenta con línea de mujer, hombre, niño y niña.

El veganismo es, además del nombre, uno de los valores que defiende. Sus productos no utilizan aceites ni grasas animales, cuentan con la etiqueta de Fair Trade (comercio justo) y algunos de ellos están hechos con materiales previamente reciclados.
No es un producto propio el que vende sino que compra a diferentes marcas y presta especial atención a los materiales que utilizan para producir. Entre ellos destaca el algodón orgánico, que necesita menos agua y no se cultiva con pesticidas. Se acompaña con el kapok, una fibra sostenible que se utiliza como relleno y que mezclada con el algodón, permite ahorrar una gran cantidad de agua; y el Lyocell, que necesita menos agua que otras plantas, y este además, crece bastante rápido.

Dos detalles muy curiosos de la marca: producen gafas de sol hechas 100% con redes de pesca que ya no se utilizan (hilo econyl) y han incorporado a sus productos la línea de cosméticos Stop the Water While Using Me, unos jabones hechos 100% con ingredientes naturales y biodegradables.
Esta tienda ofrece una línea de mujer que se sale también de lo vintage pero con un estilo refinado. Utilizan embalaje de plástico biológico y etiquetas de papel reciclado. Preocupados por las emisiones, han desarrollado una herramienta que permite medir la cantidad de CO2 en cada una de sus prendas, para concienciar todo lo posible sobre la huella.


También utilizan materiales sostenibles como el algodón orgánico y el Lyocell. Parte de su colección es ropa de segunda mano y fabrican bolsos y accesorios con nylon de redes de pesca.
Son pioneros en un concepto que puede sonar un poco extraño pero que seguro que pronto escuchamos por todas partes: la ropa de alquier. Y es que ¿cuántas veces compramos una prenda que tan solo utilizamos en una u dos ocasiones?
