Hace unos meses, cuando todavía estábamos aterrizando entre el maremágnum de informaciones sobre el coronavirus, Pachamama ya denunciaba abiertamente su origen: el comercio con animales en países asiáticos. Este negocio, que atenta directamente contra la biodiversidad y la conservación de especies, lleva siendo uno de los grandes quebraderos de cabeza de organizaciones animalistas desde hace décadas. Por eso, algunos de los grupos más cansados, como WWF España ponen en marcha estos días nuevas formas de combatirlo.
La última iniciativa de la plataforma clama la participación ciudadana; se trata de una recogida de firmas que aspira a las 300.000 para así, por fin, pedir el cierre de estos mercados a las autoridades competentes. Desde ya te animamos a que participes haciendo click aquí.
Junto con la recogida, WWF publica también una serie de datos relativos a un estudio hecho por ellos sobre el tema, incluyendo la opinión de la ciudadanía de algunos de los países protagonistas. El grupo animalista expone abiertamente que, aunque no pueda considerarse al pangolín como responsable definitivo de esta pandemia, es el animal más afectado del mundo por este negocio. Países como China ven su consumo como un alimento exclusivo y por tanto muy cotizado.
Además, las malas condiciones higiénicas, el hacinamiento de los ejemplares en espacios muy reducidos, su mezcla entre los que están vivos y muertos o la caza indiscriminada de ellos hacen que miles de las especies perseguidas se encuentren hoy en peligro crítico de extinción.
A pie de calle
Dada la gravedad de la situación (un 70% de las enfermedades humanas actuales tienen origen animal), WWF ha realizado una encuesta en 5 países asiáticos en los que resultan habituales estos mercados: Hong Kong, Japón, Myanmar, Tailandia y Vietnam. Y para sorpresa de todos, el 80% y 90% de las personas encuestadas respondieron que apoyarían cualquier prohibición o castigo de su gobierno ante esta práctica ilegal.
Las prohibiciones, de hecho, parecen el recurso habitual para dichos gobiernos cuando ocurre algún accidente sanitario como el anterior SARS y el Covid actual. Así lo demuestra el gobierno chino, que sí ya durante la epidemia de SARS prohibió temporalmente el consumo de animales salvajes, lo ha vuelto a hacer desde el 24 de febrero. Y el problema radica justo en el carácter temporal de la medida; se utiliza como paliativo durante los brotes de las enfermedades, pero después siempre se acaba mirando para otro lado. Por eso, los ciudadanos asiáticos consultados apoyan casi de forma unánime el cierre con carácter permanente. Así que, ellos y nosotras, lo dejamos en sus manos.

