Cataluña aprueba una ley contra el despilfarro alimentario

El Parlament ha aprobado este miércoles la proposición de la ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentarios en toda la Comunidad. Esta ley, impulsada por el Grupo del PSC-Unidos propone varias medidas para reducir la cantidad de alimentos que se desechan.

Afectará principalmente a restaurantes, supermercados, hospitales, colegios. Las empresas que participen en la cadena alimenticia redactarán un plan de prevención de pérdidas a través del cual la ley establecerá a posteriori un sistema de control y seguimiento de los desperdicios.

Los restaurantes estarán obligados a disponer de recipientes fácilmente reciclables para que los clientes puedan llevarse consigo los restos sobrantes de sus comidas sin coste adicional. Así se evita tirar a la basura esos alimentos que no pueden ser donados ni reutilizados.

Los supermercados deberán incentivar la venta de productos a punto de caducar y preferiblemente colocarlos es una sección aparte con un precio reducido. Tendrán, además que otorgar mayor importancia a los productos de temporada y productos a granel, aquellos que se venden sin envasar y de los que puede comprarse tan solo la cantidad deseada.

Igualmente, se prevé la creación de almacenes donde las empresas ya citadas depositen los alimentos no vendidos o utilizados para que diferentes ONG se encarguen de su recogida y distribución. Los productos no comestibles se aprovecharán para otros usos como los industriales.

El Parlament ha determinado como medida sancionadora, al menos por el momento, lo establecido en el Decreto legislativo 1/2009 de 21 de julio de la Ley reguladora de los residuos: multas de entre 150 y 30.000 euros así como el cierre de locales y la parcial, total, temporal o permanente de la licencia a trabajadores.

El reglamento que especifique esta ley está previsto para dentro de un año.

El desperdicio alimentario

En 2011 se publicó el estudio Pérdidas y desperdicios de alimentos en el mundo realizado entre 2010 y 2011 por el Instituto Sueco de Alimentos y Biotecnología (SIK). Este estudio (uno de los primeros) sacaba a la luz que alrededor de un tercio de los alimentos producidos en todo el mundo para el consumo humano se desechaban sin ser aprovechados (unos 1.300 millones de toneladas). Al mismo tiempo, denunciaba la falta de información sobre la cuestión y animaba a países e instituciones a analizar y estudiar el problema.

En los países industrializados, entre los que se encentra España, la mayoría del desperdicio se produce en el momento del suministro, es decir, en la parte final del proyecto cuando el alimento ya está listo para ser consumido. Recalcaba, además, que la principal causa del desperdicio era el comportamiento del consumidor. Y que también «puede reducirse aumentando el nivel de sensibilización de las industrias alimentarias, los vendedores minoristas».

Fuente: Estudio «Pérdidas y desperdcios alimenticios en el mundo»

Sin embargo, el problema del desperdicio de alimentos no es solo eso, desechar alimentos que están (o estuvieron) en perfecto estado y que podrían ser consumidos por personas en situación de hambruna. Es un problema con importantes efectos colaterales derivados de todo el proceso de producción: el malgasto de agua y tierra o las emisiones de CO2 producidas por el transporte (aspecto sumamente importante en un mundo globalizado donde la cadena de producción recorre varios continentes).

El estudio destacaba, además, que parte de este desperdicio era consecuencia de los cambios de temperatura, los desastres meteorológicos y cuestiones estéticas, como por ejemplo, la curvatura de las zanahorias.

Desde entonces se han creado organizaciones (internacionales y nacionales) concienciadas con el problema y dispuestas a reducirlo.

Fuente: Informe Estrategia 2017-2020 de Más alimento, menos desperdicio

En 2013, el Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medioambiente (MAPAM) creó la estrategia «Más alimento, menos desperdicio«, enmarcada dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, cuyo objetivo para 2030 es “reducir a la mitad el desperdicio de alimentos por habitante correspondiente a los niveles de la venta al por menor y el consumidor y reducir la pérdida de alimentos a lo largo de las cadenas de producción y suministro”.

En 2019 el MAPAM hizo públicos los últimos datos sobre el desperdicio de alimentos en nuestro país (Panel de cuantificación del desperdicio alimentario en los hogares españoles) donde se indica que más del 81% de los españoles desechamos alimentos. Concretamente, 1.339 toneladas, un 4,6% del total de productos alimenticios que compramos. Esto supone un incremento del 0,3% con respecto al año anterior (1.230 toneladas), que se debe principalmente a las altas temperaturas alcanzadas en primavera y verano. A estos datos, deben añadirse las 14 toneladas de alimento que ni siquiera se utilizan.

Actualmente España se encuentra dentro de la Estrategia 2017-2020 de «Más alimento, menos desperdicio» cuyos principales objetivos son:

  • Incidir en el consumidor, el gran problema del desperdicio (56%)
  • Centrarse, sin embargo, en reducir el desperdicio en la restauración y la distribución
  • Mejorar los métodos de investigación
  • Estudio de la relación entre el desperdicio y el cambio climático
  • Fomentar la donación de alimentos
  • Atender y colaborar con los diferentes proyectos e instituciones internacionales.

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