Crónica: El cambio que queremos para no volver a la insostenible normalidad

No ha sido la pobreza, ni el machismo, ni las guerras, ni el racismo, ni el hambre, ni la crisis climática lo que ha cambiado nuestras vidas. Por el contrario, ha sido algo tan aparentemente insignificante como un virus, lo que ha desencadenado la actual situación mundial. Nos referimos a él como si fuera nuestro enemigo, como si la pandemia fuera una guerra y el cuerpo un campo de batalla en el que combatir la enfermedad. Se habla de la “nueva normalidad” de la mano del proceso de desescalada al que empezamos a asistir pero, ¿cuál es esa nueva normalidad? ¿La queremos? ¿Qué cambios implica con respecto a la “antigua normalidad”? ¿Qué es lo normal y quién es el enemigo?

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Estas son algunas preguntas que surgen y en las que debemos parar a reflexionar. Así nos invita a hacerlo el activista de Fridays for Future (@fridaysforfuture y @fridaysformadrid) Javier Pamplona (@javier.pgomez) en Espacio Eco (@ecooo_life) al que hemos asisitido esta mañana. Haz click aquí para ver nuestro post sobre Fridays for Future.


Fuente: Instagram

Javier Pamplona es ingeniero especializado en energías renovables y activista en movimientos sociales como Ecologistas en acción (@ecologistas), entre otros. Desde Pachamama queremos hacer eco de las siguientes reflexiones servidas en la mesa del encuentro.

  1. ¿Qué es la insostenible normalidad?

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Como Naomi Klein, Javier tiene claro que  la antigua normalidad ya era en sí misma una crisis. Habla de la estrecha relación entre la crisis climática y la crisis social. La pandemia ha generado un antes y un después en nuestras vidas pero lo cierto es que ya veníamos arrastrando ambas. Por un lado, una crisis climática con sólo un margen de 11 años de posible reacción según la comunidad científica; lo que ha desencadenado todo un ciclo de movimientos sociales y activismo sin precedentes en el último año. Por otro lado, esa crisis climática se ha gestado bajo la coyuntura de los resquicios de la crisis socioeconómica de hace diez años, que, aunque parece superada, algunas de sus consecuencias  siguen latiendo a día de hoy. En este contexto se desarrolla la pandemia mundial a la que asistimos. “La crisis pandémica que vivimos está muy relacionada con la crisis ecológica”-asegura el activista. La zoonosis y la deforestación son incentivos de la crisis pandémica y son problemáticas ecológicas. (¿Aún no has leído nuestro post sobre zoonosis y especies exóticas? Pincha aquí) Por lo tanto, ambas crisis se retroalimentan: la pescadilla que se muerde la cola.

<< Tenemos que plantearnos si queremos vivir para trabajar, o trabajar para vivir >>

El activista tiene la convicción de que tenemos que cambiar el modelo de producción para poder paliar ambas crisis, que van de la mano. Nuestro sistema económico y productivo está basado en un crecimiento ilimitado y eso implica la explotación sistemática de los recursos limitados y la economía petro-dependiente. Esto desencadena una crisis climática, que a su vez, según Javier, avoca al colapso social. Por lo tanto, el actual modelo de negocio es una de las principales causas de la crisis climática y de la crisis social. “Tenemos que plantearnos si queremos vivir para trabajar o trabajar para vivir” –asegura el ingeniero.

La lucha ecologista no trata sólo de preservar los ecosistemas del planeta: “en el fondo, la lucha ecologista es muy antropocéntrica porque, seamos sinceros, el planeta sin nosotros sigue perfectamente.” Afirma que el objetivo del movimiento ecologista es garantizar la justicia climática para que la vida de todos los seres humanos sea posible. Señala que no podemos seguir así porque hacerlo, nos lleva al colapso climático, económico y social.

2. ¿Cuál es la nueva normalidad?

La nueva normalidad en el confinamiento es la experiencia de que no necesitamos todo lo que consumíamos. Javier hace hincapié en la relación entre las clases sociales y la pandemia y afirma que ésta es una prueba de que el sistema neoliberal hegemónico no es infranqueable, tiene grietas y espacios que lo hacen tambalear. Y el virus las ha atravesado. “Sí que hay grietas por las que meterse y sí que hay cambios posibles”- afirma con optimismo. La normalidad en el confinamiento nos ha llevado a darnos cuenta de las prioridades que ya estaban, pero no veíamos, según el activista. La cuarentena nos ha hecho experimentar que las cosas importantes no son las que valen dinero. Echamos de menos a nuestros seres queridos, los abrazos, las caricias, el contacto personal y también el contacto con la naturaleza, con la tierra, el aire y la luz; no echamos de menos lo material, sino lo humano. Este periodo es la prueba y experiencia de que podemos vivir sin el nivel disparado de consumo con que lo hacíamos antes. La pandemia, según el ecologista,  también está impulsando que nos reencontremos con nuestro barrio y está abriendo la experiencia de una “ciudad para la vida y no para la economía”. Esto, según el activista, es un “cambio disrruptivo” en la psicología de muchas personas. Sin embargo, asegura que no va a haber una transformación inmediata y mucho menos podemos presuponerla. El cambio va a ser lento y logrado, no va a venir dado. Javier se muestra convencido de que el fin del confinamiento supondrá la vuelta disparada al consumo, pero tiene la esperanza de que algunas de las transformaciones que nos han venido impuestas se inculquen en nuestro ADN tras la experiencia de la no-necesidad.  

3. ¿Cómo lograr el cambio?

El ecologista apuesta por la fusión de luchas: la individual y la colectiva. Por un lado, la lucha individual es un pilar fundamental, pues cada uno de nuestros actos es político y tenemos  un gran potencial como consumidores del mercado. En esta lucha, los cambios son conscientes, fruto de la meditación y el convencimiento, como el cambio a una alimentación vegetariana, por ejemplo. (Pincha aquí para conocer la realidad de la industria cárnica). El activista nos anima a reencontrarnos con nuestro barrio como espacio común de la ciudadanía y a apostar por los pequeños comercios locales, que suelen ser mucho más ecológicos y sostenibles que los productos de las grandes cadenas que se etiquetan como tal. Asegura que no es necesario esperar a grandes medidas políticas para empezar a ser el cambio que necesitamos. Sin embargo, esta lucha tiene que ir respaldada por la lucha colectiva, por otro lado. Esta lucha va encabezada por los movimientos sociales, no sólo el feminista y el ecologista, sino todas las iniciativas ciudadanas que suponen espacios de diálogo para propuestas y medidas de cambio. Javier asegura que el papel de los movimientos sociales es presionar a los gobiernos para que pongan la crisis climática en el centro de la vida política y establezcan medidas que garanticen la justicia ambiental.

Por lo tanto, y a modo de conclusión, la crisis climática y la crisis social están estrechamente relacionadas; sólo un cambio en el sistema productivo y económico podrá evitar que volvamos a la insostenible normalidad. Para ello, es necesaria la fusión de las luchas individual y colectiva, encabezada por los movimientos sociales. El cambio no va a venir dado, sino logrado; pero no es imposible, está en nuestra mano. ¡Trabajemos por él!

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